Terapia para la Ansiedad en Zaragoza
Ansiedad y estrés: comprender lo que te ocurre para recuperar el control
La ansiedad y el estrés forman parte de nuestra vida y, en determinadas circunstancias, cumplen una función importante. Nos ayudan a reaccionar ante las dificultades, a prestar atención cuando algo requiere nuestra respuesta y a prepararnos para afrontar situaciones que pueden suponer un reto. El problema aparece cuando este sistema de protección permanece activado durante demasiado tiempo, se pone en marcha ante situaciones que realmente no requieren una respuesta de alarma o empieza a condicionar nuestra manera de vivir. Entonces podemos comenzar a sentir que nuestro cuerpo está constantemente en alerta y nuestra mente no consigue descansar.
Preocupación constante, pensamientos que se repiten una y otra vez, tensión muscular, palpitaciones, sensación de falta de aire, mareos, dificultades para dormir, irritabilidad o miedo a que ocurra algo malo son algunas de las experiencias que pueden acompañar a la ansiedad. Pero para comprender la ansiedad es importante empezar por una diferencia fundamental: estrés y ansiedad no son exactamente lo mismo.
Estrés y ansiedad: ¿cuál es la diferencia?
Podemos entender el estrés como una respuesta adaptativa del organismo ante una demanda que está ocurriendo en el presente. Tenemos algo que hacer y nuestro cuerpo se prepara para hacerlo. Un examen, una reunión importante, una situación familiar complicada, una fecha límite en el trabajo o cualquier otra circunstancia que requiera nuestra atención puede activar nuestro organismo. En ese momento aparece energía para actuar y esa energía puede dirigirse hacia una acción concreta: estudiar, trabajar, hablar, resolver, decidir, protegernos o afrontar la situación. Cuando la demanda termina, la activación puede disminuir.
La ansiedad funciona muchas veces de una manera diferente. En lugar de responder únicamente a algo que está ocurriendo ahora, la mente se adelanta al futuro.
¿Y si ocurre algo malo?
¿Y si pierdo el control?
¿Y si enfermo?
¿Y si no soy capaz?
¿Y si me equivoco?
¿Y si sucede aquello que estoy imaginando?
La mente intenta anticiparse para protegernos, pero aparece un problema: no podemos actuar sobre algo que todavía no está ocurriendo. Podemos prepararnos para una situación real, pero no podemos resolver hoy todos los acontecimientos hipotéticos de mañana. Por eso, una forma sencilla de explicarlo es pensar que en el estrés existe una demanda presente sobre la que podemos actuar, mientras que en la ansiedad la energía se dirige muchas veces hacia un futuro que todavía no podemos modificar. El cuerpo se activa, pero no encuentra necesariamente una acción que resuelva aquello que estamos anticipando. Y podemos acabar agotados después de pasar horas intentando solucionar mentalmente algo que quizá nunca llegue a ocurrir.
Cuando el cerebro entra en estado de protección y alerta
La ansiedad no aparece porque nuestro cerebro «funcione mal».
Nuestro organismo dispone de mecanismos extraordinariamente eficaces para detectar amenazas y prepararnos para responder ante ellas.
El problema surge cuando ese sistema de protección comienza a funcionar como si hubiera peligro incluso cuando no existe una amenaza inmediata o cuando la respuesta resulta desproporcionada respecto a la situación.
En ese estado de alerta, nuestra atención se dirige especialmente hacia aquello que podría representar un peligro. Comenzamos a observar más nuestro cuerpo. Más nuestros pensamientos. Más las reacciones de los demás. Más las noticias. Más aquello que podría salir mal.
Y ocurre algo muy interesante: cuanto más buscamos señales de peligro, más señales de peligro encontramos.
La mente empieza a conceder mayor importancia a la información negativa y puede dejar en segundo plano todo aquello que contradice nuestras preocupaciones. En nuestros contenidos sobre pensamientos negativos explicamos cómo las imágenes y pensamientos relacionados con una amenaza pueden activar respuestas de protección y favorecer una mayor vigilancia sobre aquello que interpretamos como peligroso. Esto puede generar un círculo difícil de romper:
amenaza percibida → estado de alerta → atención hacia lo negativo → interpretación de peligro → más activación → mayor sensación de amenaza.
Por eso muchas personas dicen: «Sé racionalmente que probablemente no va a pasar nada, pero mi cuerpo siente que sí».
No es extraño.
La ansiedad no depende únicamente de lo que sabemos racionalmente. También intervienen nuestra interpretación de las situaciones, nuestra atención, nuestras sensaciones corporales y las conductas que realizamos para intentar sentirnos seguros.
¿Por qué la ansiedad puede mantenerse?
Una de las claves para entender la ansiedad está en algo que hacemos de manera completamente comprensible: intentamos evitar sentirnos mal.
Cuando aparece una sensación desagradable, queremos que desaparezca. Si sentimos mareo, queremos comprobar que no nos ocurre nada. Si aparecen palpitaciones, podemos empezar a vigilar nuestro corazón. Si tenemos un pensamiento extraño, intentamos expulsarlo. Si tenemos miedo a una situación, intentamos evitarla. Si pensamos que algo malo podría suceder, buscamos continuamente información o tranquilidad.
En principio parece lógico.
El problema es que muchas de estas conductas producen alivio a corto plazo, pero pueden enseñar a nuestro cerebro que realmente necesitábamos protegernos. Así puede establecerse un círculo:
ansiedad → intento de control o evitación → alivio momentáneo → confirmación de que había algo que evitar → mayor miedo la próxima vez.
Por eso, en psicoterapia no trabajamos únicamente para conseguir que la ansiedad desaparezca. Trabajamos para que puedas dejar de organizar tu vida alrededor de ella.
La ansiedad también puede aparecer en forma de pensamientos
Para algunas personas, el problema principal no son las sensaciones físicas. Es la mente.
Pensamientos que aparecen continuamente, conversaciones que repasamos una y otra vez, dudas que necesitan una respuesta definitiva, escenarios futuros que imaginamos constantemente o la sensación de que necesitamos pensar más para conseguir sentirnos seguros. Muchas personas llegan a consulta diciendo:
«No puedo parar de pensar».
El sobrepensamiento puede convertirse en un auténtico bucle mental: intentamos encontrar una solución, comprender algo completamente o eliminar una incertidumbre y, sin darnos cuenta, terminamos dando vueltas sobre lo mismo durante horas. Esto puede aumentar la ansiedad, producir cansancio mental, dificultar la concentración y alejarnos del presente.
Y también existen los llamados pensamientos intrusivos: pensamientos, imágenes o ideas que aparecen sin que los hayamos elegido y que pueden resultar especialmente desagradables porque chocan con nuestros valores o con aquello que creemos que deberíamos pensar. Tener un pensamiento no significa querer hacerlo. Y que nuestra mente sea capaz de imaginar algo tampoco significa que vaya a suceder.
Aprender a relacionarnos de otra manera con estos pensamientos es una parte importante del tratamiento.
¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?
La ansiedad puede manifestarse de formas muy diferentes y no todas las personas experimentan los mismos síntomas.
Síntomas físicos
Puede aparecer:
- presión o molestias en el pecho;
- sensación de falta de aire;
- palpitaciones o aceleración del corazón;
- mareo o sensación de inestabilidad;
- tensión muscular;
- temblores;
- sudoración;
- sensación de entumecimiento;
- molestias gastrointestinales;
- sensación de irrealidad;
- cansancio;
- dificultades para dormir.
Síntomas psicológicos
También puede aparecer:
- preocupación excesiva;
- anticipación de acontecimientos negativos;
- dificultad para desconectar;
- pensamientos repetitivos;
- miedo a perder el control;
- hipervigilancia;
- irritabilidad;
- dificultad para concentrarse;
- necesidad constante de comprobar o buscar seguridad.
En nuestro artículo «Ansiedad: síntomas físicos y psicológicos» explicamos con mayor profundidad cómo pueden aparecer estas manifestaciones y por qué el cuerpo puede reaccionar de esta manera
Cuando la ansiedad aparece de golpe: los ataques de pánico
En ocasiones, la activación puede alcanzar una intensidad muy elevada en cuestión de minutos. La persona puede experimentar taquicardia, sensación de falta de aire, mareo, temblores, sensación de muerte inminente, miedo a perder el control o incluso miedo a «volverse loca». La experiencia puede resultar aterradora, especialmente cuando no se comprende qué está ocurriendo.
Un ataque de pánico es una reacción intensa y repentina de ansiedad que puede generar síntomas físicos y emocionales muy llamativos, pero la interpretación que hacemos de esas sensaciones puede contribuir a mantener y aumentar el episodio.
A través de Terapia Cognitivo-Conductual la persona podrá aprender herramientas y habilidades de autoregulación para hacer frente a este problema.
Cuando el miedo se centra en la salud
Otra forma frecuente de ansiedad aparece cuando nuestra atención se centra especialmente en las sensaciones corporales y en la posibilidad de padecer una enfermedad. Una molestia, un cambio corporal o una sensación normal puede interpretarse como una señal de peligro.
Entonces comenzamos a observar nuestro cuerpo con mayor intensidad, buscamos información, consultamos, comprobamos y necesitamos confirmar una y otra vez que todo está bien.
El problema es que cuanto más buscamos certeza absoluta, más difícil puede resultar sentirnos seguros. Si este es tu caso, puedes profundizar en nuestro artículo sobre hipocondría y ansiedad por la salud.
¿Cómo trabajamos la ansiedad y el estrés en terapia?
En Gabinete de Psicología Horcas y Gracia trabajamos principalmente desde la Terapia Cognitivo-Conductual, integrando herramientas de las terapias contextuales y de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) cuando son adecuadas para cada persona. Nuestro objetivo no es aplicar una serie de técnicas de manera automática.
Primero necesitamos comprender qué está ocurriendo, cómo se ha desarrollado el problema y qué mecanismos están contribuyendo a mantenerlo. A partir de ahí diseñamos un tratamiento adaptado a la persona.
Trabajamos cuerpo y mente conjuntamente
La ansiedad no es solamente una cuestión de pensamientos. El cuerpo participa activamente en ella.
Por eso utilizamos diferentes técnicas de regulación y desactivación fisiológica, como procedimientos de respiración, relajación y otras herramientas destinadas a reducir la activación del organismo cuando resulta necesario. Pero no pretendemos que estas técnicas se conviertan en una nueva forma de escapar de la ansiedad. El objetivo es aprender a regular el cuerpo y, al mismo tiempo, comprender las sensaciones que aparecen sin interpretarlas automáticamente como una amenaza.
Cuando cuerpo y mente dejan progresivamente de responder a determinadas sensaciones como si fueran peligrosas, la persona puede empezar a recuperar seguridad.
Reestructurar los pensamientos y enfrentarnos a nuestros miedos
También trabajamos sobre las interpretaciones que hacemos de aquello que nos sucede. A través de técnicas de reestructuración cognitiva, aprendemos a identificar pensamientos automáticos, interpretaciones catastrofistas y creencias que pueden estar aumentando innecesariamente la sensación de amenaza.
No se trata de obligarnos a pensar siempre en positivo. Se trata de aprender a pensar de una manera más realista, flexible y útil.
También puede ser necesario afrontar progresivamente situaciones que hemos aprendido a evitar. Porque si cada vez que aparece ansiedad escapamos, nuestro cerebro aprende que escapar era necesario.
Por el contrario, cuando podemos permanecer progresivamente en una situación, experimentar las sensaciones que aparecen y comprobar que somos capaces de afrontarlas, podemos empezar a construir un aprendizaje diferente.
No necesitamos demostrar que nunca ocurrirá nada malo.
Necesitamos descubrir que podemos afrontar la incertidumbre y continuar viviendo aunque aparezca ansiedad.
Y cuando el problema es el estrés, ¿qué hacemos?
No toda activación emocional procede de una amenaza imaginada. A veces tenemos demasiadas cosas que hacer y demasiado poco espacio para recuperarnos.
Trabajo, familia, responsabilidades, problemas de pareja, falta de descanso, dificultades para poner límites, autoexigencia o la sensación de tener que llegar siempre a todo pueden mantenernos durante mucho tiempo en un estado de tensión. En estos casos trabajamos también sobre los factores estresantes y sobre las conductas que están manteniendo la sobrecarga. Analizamos qué ocurre en tu día a día.
Qué situaciones te desbordan.
Cómo respondes ante ellas.
Qué estás intentando controlar.
Qué estás evitando.
Qué límites necesitas establecer.
Y qué alternativas podrían ayudarte a afrontar esas circunstancias de una manera más adaptativa. Porque a veces no necesitamos aprender a soportar mejor una vida que nos está desbordando. Necesitamos aprender a vivir de otra manera.
El objetivo no es vivir sin ansiedad
Esta es probablemente una de las ideas más importantes de nuestro enfoque.
La ansiedad forma parte de la experiencia humana. Puede aparecer cuando algo nos importa, cuando afrontamos una situación desconocida o cuando atravesamos una etapa difícil. Por eso, el objetivo de la terapia no es conseguir que nunca vuelvas a sentir ansiedad. El objetivo es que puedas comprenderla, tolerarla, regularla y afrontarla sin que termine dirigiendo tus decisiones.
Que puedas volver a hacer cosas que habías dejado de hacer.
Que puedas estar en una situación sin necesitar escapar.
Que puedas sentir una sensación corporal sin pensar inmediatamente que algo terrible está sucediendo.
Que puedas tener un pensamiento sin necesitar resolverlo.
Que puedas mirar hacia el futuro sin vivir permanentemente dentro de él.
En definitiva: No se trata de que la ansiedad desaparezca para poder vivir. Se trata de recuperar tu vida para que la ansiedad deje de decidir por ti.
Psicólogos para ansiedad y estrés en Zaragoza
En Gabinete de Psicología de Horcas y Gracia, somos un equipo de psicólogos sanitarios en Zaragoza y trabajamos con Terapia Cognitivo-Conductual, Terapia de Aceptación y Compromiso y terapias contextuales, adaptando el proceso terapéutico a las necesidades de cada persona.
Nuestro gabinete se encuentra en el centro de Zaragoza, en Doctor Cerrada Nº 14-16-18; escalera 2ª, 1º A , y también ofrecemos terapia online. Descubre las principales dificultades que abordamos.
Nuestro equipo está formado por:
Jonatan Horcas, Psicólogo General Sanitario, colegiado A-03420.
Lorena Gracia, Psicóloga General Sanitaria, colegiada A-03616.
María José Ruiz, Psicóloga Sanitaria, colegiada A-04434.
Cada persona es diferente y, por eso, la asignación del profesional y el tratamiento se realiza teniendo en cuenta las características y necesidades de cada caso.
Preguntas Frecuentes sobre la Terapia para la Ansiedad (FAQs)
¿Cuál es la diferencia entre estrés y ansiedad?
El estrés suele aparecer ante una demanda concreta del presente, mientras que la ansiedad se relaciona especialmente con la anticipación de posibles amenazas futuras. Ambos pueden ser respuestas normales, pero cuando se mantienen o interfieren en la vida diaria pueden convertirse en un problema.
¿Quiénes son los psicólogos del centro que pueden tratar la ansiedad y sus numeros de colegiado?
El equipo clínico está compuesto por Jonatan Horcas (Psicólogo Sanitario, Cofundador del Gabinete, Colegiado Nº A-03420), Lorena Gracia (Psicóloga Sanitaria Cofundadora del Gabinete, Colegiada Nº A-03616) y María José Ruiz(Psicóloga Sanitaria, Colegiada Nº A-04434), todos son psicólogos cognitivo-conductuales especializados en el tratamiento de la ansiedad, adscritos al Colegio Oficial de Psicología de Aragón y habilitados por el mismo. El número del gabinete en el Registro de Centros y Servicios Sanitarios de Aragón es el Nº 5025561.
¿Cómo sé si lo que tengo es ansiedad?
La ansiedad puede manifestarse mediante preocupación excesiva, pensamientos repetitivos, sensación de alerta, tensión muscular, problemas de sueño, dificultad para concentrarse o síntomas físicos como palpitaciones, mareo o sensación de falta de aire. No todas las personas experimentan los mismos síntomas. Revisa en este artículo que hemos creado los principales síntomas de la ansiedad
¿Se puede sanar y superar la ansiedad ?
Sí. El objetivo de la terapia es dotar de habilidades de autoregulación muy prácticas para el día a día al paciente para gestionar el sufrimiento y una reestructuración cognitiva para que no viviva intentando eliminar cada sensación de ansiedad, sino aprender a relacionarse de otra manera con las sensaciones, pensamientos y situaciones que la mantienen. En muchos casos esto implica reducir la evitación y afrontar progresivamente aquello que genera miedo.
¿Por qué cuanto más intento dejar de pensar, más pienso?
Intentar controlar constantemente los pensamientos puede terminar aumentando la atención que prestamos a ellos. Nuestra Terapia Cognitivo-Conductual que incluye la defusión cognitva puede ayudar a romper este círculo y recuperar la capacidad de dirigir la atención hacia el presente. Aprende más sobre cómo salir del sobrepensamiento en nuestro artículo.
¿Qué ocurre durante una crisis de ansiedad o ataque de pánico?
Puede producirse una reacción de ansiedad muy intensa y repentina, acompañada de síntomas físicos que pueden resultar alarmantes. Comprender qué está ocurriendo y aprender a responder de otra manera dotando al paciente de habilidades de autoregulación a través de Terapia Cognitivo-Conductual puede ayudar a reducir el miedo a las propias sensaciones y reducir su impacto, duración y frecuencia de aparación. Conoce más sobre los ataques de pánico en nuestro artículo.
¿Cuándo debería acudir a un psicólogo por ansiedad?
Cuando la preocupación, el miedo o los síntomas interfieren de forma significativa en el sueño, el trabajo, las relaciones, las actividades cotidianas o la capacidad de disfrutar, o cuando empiezas a evitar situaciones por miedo a sentirte mal. En este artículo te explicamos cúando deberias ponerte en manos de un psicólogo.
¿Empezamos?
Medios de contacto

Teléfono | Whatsapp
(+34) 605 561 170

info@gabinetedehorcasygracia.es
Dirección
C. del Dr. Cerrada, 14-16-18, escalera 2ª, 1º A, 50005 Zaragoza

